EL GENERAL FEMINISTA

 

El general Juan Andreu Almazán era un zapatista declarado, impulsor de la equidad de género, pero anticardenista, lo que le impidió ser presidente.

El origen de la república mexicana es un tanto difuso: el objetivo real del movimiento, en principio, no tuvo que ver con la situación del campo, sino con la inconformidad de un grupo intelectual (y burgués en su mayor parte) por no tener a oportunidad de acceder al poder. Basta ver el formato de sus reclamos –empezando por el famoso “Sufragio efectivo; no reelección” –para percibir en sus inquietudes, si bien son validas, una notoria ausencia de las verdaderas necesidades del pueblo.

No obstante, para llevar a cabo una revolución es decisiva la participación popular, y como la mayor parte del pueblo mexicano de aquel entonces era habitante y trabajador explotado del campo, su inconformidad fue la que movió su participación, esto, por decirlo así, “destapo la olla” y le dio un giro campesino al movimiento del que, pese a los esfuerzos de la burguesía “Revolucionaria”, no se iba a desprender en lo sucesivo.

Una vez en esta dinámica surgen, entre los propios insurrectos, líderes que son obedecidos y seguidos por sus compañeros de lucha por los cuales son respetados y hasta venerados; hombres por su capacidad táctica y carisma, se vuelven dirigentes naturales del movimiento. Los dos grandes líderes populares de la Revolución Mexicana, Francisco Villa y Emiliano Zapata, así como otros muchos importantes que lucharon bajo sus divisas en el norte y en el sur, respectivamente, tienen este origen.

Es necesario decir que los campesinos nunca tuvieron objeción en que gobernara un habitante de la ciudad (burgués, intelectual o intelectual burgués), siempre y cuando fuera atendida su problemática.

Pero ese era un bocado muy grande para un gobernante ya que hubiera puesto en su contra a los “señores del dinero” burgueses y hacendados. De ahí que durante la lucha, por ejemplo Madero acepta los términos del Plan de Ayala que le expone Zapata en sus entrevistas mas, una vez que Porfirio Díaz huye, comienza a evitar el asunto hasta que Zapata se da cuenta de que no había la verdadera intención de cumplir lo prometido y suspende la entrega del armamento –que sus hombres ya habían iniciado- para reavivar la insurrección. En vista de ellos Madero declara a Zapata enemigo de sus propósitos, por lo que no solo le opone al ejercito, sino que incluso maneja una campaña mediática, utilizando la prensa de la Ciudad de México para descalificarlo, llamándole ”bandolero”.

Sin embargo, era evidente que alguien debía gobernar y que solo había dos opciones: un civil o un militar. Ante esta disyuntiva, tomando en cuenta la experiencia con Porfirio Díaz y el hecho de que los militares son el brazo armado del gobierno, al reunirse con la convención de Aguascalientes, Villa y Zapata definen que no debía haber presidentes militares, sino civiles.

Hay casos excepcionales que merecen mención aparte, como el del general Juan Andreu Almazán quien, siendo militar de profesión, durante la lucha armada se unió a Emiliano Zapata y, a partir de entonces –aun ya muerto Zapata- se declaro siempre Zapatista. Este hombre merece un poco más de nuestra atención, pues de manera indirecta es él quien logra que el país sea gobernado finalmente por civiles.

Me explico: durante su paso por el centro-norte de la República, el general Juan Andreu Almazán instruye la formación de muchas cooperativas, al frente de las cuales él mismo pone, siempre, a mujeres. Lo impulsa la convicción declarada de que ellas son mejores organizadoras y administradoras y de que su capacidad, honestidad y responsabilidad son una especie de “garantía” a prueba de los vicios y malos manejos en que suelen incurrir los hombres. El general Andreu Almazán se vuelve, entonces, popularísimo entre las mujeres (además de ser bastante bien parecido).

EL VOTO FEMENINO

Como dato curioso, el apellido del general Andreu, originalmente con “u” es cambiado después por los dirigentes militares “callistas” como una forma de desprestigiarlo, dándole la apariencia de extranjero. El resultado del tal complicidad fue que en los registros históricos los encontramos escrito ahora con “w”.

Tiempo después, tras la Revolución y varios generales en la silla presidencial, cuando va a terminar el mandato del general Lázaro Cárdenas, el general Juan Andreu Almazán, anticardenista, se lanza como candidato a la presidencia. Es evidente que Cárdenas no simpatiza con Andreu. Sabe que es un honesto y declarado Zapatista y sabe también que es muy popular entre el sexo femenino por lo que, mediante un edicto, quita el derecho de voto a las mujeres (quienes, en México, ya lo tenían) y luego opone a la candidatura de Andreu a de un general moderado de su confianza: Manuel Ávila Camacho, quien, al fin, gana las elecciones entre sospechas de un fraude electoral.

¿Por qué digo que esto favoreció el ingreso de los gobiernos civiles en el país? Bueno, en primer lugar porque, aunque todo parecía apuntar como elegido de Cárdenas a su otro “pre-candidato” (y amigo personal), el general Francisco Múgica resulta que éste era un militar radical y no hubiera tenido ni la menor oportunidad contra el popular Andreu. Cárdenas encubrió su motivo verdadero argumentando que, a consecuencia de la expropiación petrolera, existía sobre el gobierno una fuerte presión internacional y un radical en el poder hubiera sido un grave inconveniente.

En segundo lugar porque, al haber elegido a un militar moderado, éste buscó congraciarse con la opinión pública incluyendo civiles en su gabinete y, entre ellos, nombró como secretario de Gobernación a un estudioso y estricto hombre que ya había demostrado una bien calculada falta de escrúpulos al manejar su campaña presidencial: Miguel Alemán Valdés. Esta historia no tiene un “final feliz” a partir de la elección de Miguel Alemán Valdés el mismo formato fraudulento se aplicaría después en todas la elecciones posteriores para favorecer al partido del poder.
Ciudad de México, Guillermo Samperio, 1948. Escritor.

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