La Televisión no es la verdad…

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Bajo el manto globalizador de las comunicaciones y la tecnología, el televisor ha alcanzado gran importancia dentro de nuestra sociedad, asegurándose así un lugar en todos los hogares, pasando en algunos casos a ser un miembro más de la familia, y lo más importante, se ha ganado la confianza de los televidentes, que a su vez se han encargado de asignarle una suerte de moral, dotándola incluso de valores como la sinceridad, la prudencia, de criterio.
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La Televisión no es un medio libre, ni mucho menos barato, ya que para lograr emitir a una abundante cantidad de gente es necesario estar respaldado por algún canal, corporación u otra institución de ese tipo, que en algunos casos también necesitan a la vez que los gastos producidos por las transmisiones sean solventados, y por supuesto, transformar todo esto en un negocio rentable. Es allí donde aparece el exitoso empresario, el siempre carismático político o la exitosa corporación que junto a la publicidad se encargan de financiar y posteriormente pasan a ser los dueños de la información.
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Control económico, lo que se traduce en el poder sobre los contenidos, edición, montaje o censura de lo que ellos estimen conveniente, o lo que consideren no es peligroso que la gente sepa. Control moral… control mental. Soberanos del conocimiento de la gente, las mismas personas que confían ciegamente en la tele, y que inconscientes ofrecen a este medio su capacidad de opinar. Es así como los intereses de unos pocos pasan a ser la vida de otros muchos.
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“La televisión construye la realidad, provoca el shock emocional y condena prácticamente al silencio y la indiferencia a los hechos que carecen de imágenes”
-Ignacio Ramonet
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Muy escasos son los espacios culturales que se pueden encontrar en televisión abierta, es más, para nadie es un misterio que la programación a la que estamos expuestos es, mayoritariamente, mala [por no decir una mierda]. Entendiendo el refrán que reza ‘en gustos no hay nada escrito’, nuestras palabras apuntan no sólo a la temática que puede cubrir un programa, sino también a las maneras, limitaciones y hasta tradiciones del medio.
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En nuestra era, la información se ha convertido en un bien muy preciado, y no tan solo monetariamente, los medios masivos en general han sabido aprovecharla, ya que con esta se gestan las opiniones de todos sus receptores. Pueden de esta manera editarla, u ocultarla simplemente a su conveniencia, y así generar en nuestra sociedad el clima que ellos quieran, ya sea de terror, odio, infundada alegría, despreocupación… etc. O los sentimientos que les plazca a la gente que ellos quieran, sufriendo así, los que quieran salir de este sucio juego, todo el peso de la manoseada opinión social, como es el caso de los medios alternativos que día a día resisten los azotes de los medios masivos y su monopolio cognitivo.
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Mantener a un pueblo sumido bajo la estupefacción y conservar la calma antinatural en las calles no es una tarea fácil, pese a eso el medio se las ha arreglado para mantener el control sobre nuestras mentes, de maneras muy variadas pero sumamente eficaces.
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Concisamente los dueños de las televisoras se valen del la manipulación y/o censura de información para preservar sus intereses, en gran parte también de la idiotización que generan sus contenidos, no es necesario que especifiquemos en ciertos programas, tan solo basta con estar unos minutos frente a la pantalla para notar de cuales espacios se puede prescindir objetivamente por el bien de la cultura de los televidentes. Bajo la etiqueta de ‘entretenimiento’ se camuflan la mayoría de los segmentos que están únicamente ideados para mantener distraídas las mentes de la población, especialmente la de los jóvenes, que entre los estudios y olvidar lo estudiado frente a la tele, no les queda tiempo para pensar por si mismos.
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La población se acomoda, mientras se graba en su subconsciente la imagen de la realidad que las emisoras buscan perpetuar. La sórdida ilusión de un mundo donde las bombas explotan solo cuando van de abajo hacia arriba, y el sentido de nuestras vidas se encuentra en las manos de quienes nos gobiernan. La guerra social ha quedado atrás, los años de las grandes revoluciones solo son un lejano recuerdo en sepia, y los ideales de la gente se encuentran en libros cubiertos con gruesas capas de polvo. Si el conflicto genera dudas, lo reducen y lo tapan, y si los gritos les hacen temblar, todos somos terroristas. No es original, pero es absurdamente eficiente.
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La memoria se retuerce al ver como la modifican, y la ocultan alejándola de sus verdaderos protagonistas, anunciando tal profeta, los culpables del pasado y los acontecimientos que tendremos que afrontar mientras continuemos así, nos obligan a memorizar mentiras y a reproducir conductas antinaturales, por lo general déspotas e insensibles, peor aún, nos fuerzan a olvidar, y bien sabido es que el pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla una y otra vez cometiendo los mismos errores que hasta hoy nos han condenado.
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“Medios arrodillados ante el Estado y el Capital. La ignorancia es su fuerza, la mentira su verdad, los subsidios que reciben los mantienen controlados, venden la verdad luego que la han distorsionado. La verdad alterada, trastornada, trastocada, su ética y su imparcialidad han sido subastadas. No pueden morder la mano que les da de comer, el patrocinante los mantiene y la verdad está con él. Medios del Estado para manipularnos, Medios Privados para desinformarnos. Cuestiona, crítica, crea tus propios medios, siembra la semilla que derrocará su Imperio. Los privados y estatales son tentáculos del poder, tenemos que abrir un camino hacia un mundo libre.”
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Pese a los complejos sistemas de interacción entre los televidentes y las emisoras, continuamos sumidos a la simpleza del ‘dominar o ser dominados’, familiarizados ya con el salvajismo que denotan los medios masivos en este tipo de juegos y lo difícil que es plantarle cara en su manipulación.
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Pero aunque el porvenir pueda lucir nublado, hemos de tener claro que la solución siempre estará en nuestras manos: Apaga la televisión … busca alternativas.
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“En la televisiòn trafican con fantasias; nada es real…”
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“Es curioso que los colores del mundo real solo parecen verdaderos cuando los vemos a través de una pantalla de Televisión…”
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