Historias cortas de una noche larga…

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El hombre más grande del mundo

…Y estaba ahí sentado, recordando todo lo que lo había hecho un “gran hombre”, mirando su pasado y riendo, entristeciéndose, endureciendo el gesto, y cerrando los ojos; viendo las alegrías de su vida, añorando lo que se había perdido, los momentos difíciles y tratando de no llorar por el sufrimiento que le recordaba mirar años atrás.

Pero el viejo Dantes ya había perdido la batalla con el destino y ahora estaba sentado sin poder moverse mirando como el viento se burlaba de él, mientras recorría todo su alrededor; moviendo todo, movía esas fotografías viejas regadas en su cama, movía esas ropas arrugadas de su armario, movía los trastos sucios y los hacia cantar, movía las hojas de esos cuentos que nunca termino de escribir, y lo movía a él, que en su pesado andar parecía un pobre naufrago en mar abierto, tratando de llegar a tierra en cada pared, en cada silla, en cada ventana, “Soy un hombre muy viejo que muere muy lento…” se repetía el viejo Dantes.

Ya no le quedaba nada en su mundo, la gente que le conocía bien, ya había muerto, uno a uno los fue enterrando mientras que él, se burlaba de la muerte, regodeándose en su salud. No le daba tristeza el verlos morir, solo lo veía como algo innecesario y un escape fácil al difícil vivir, pero siempre cuando pasaba, tomaba un poco tierra que cubría sus cuerpos y decía unas palabras, siempre las mismas, siempre.

Lo único que lo hacia suspirar era el recuerdo de su mujer, de su Hayde. Decidió quitar todas las fotos de su esposa para que no le naciera ese sentimiento de verla sin tenerla, pero la imagen había quedado clara en su mente y en su corazón; era lo primero que veía al despertar y lo ultimo al dormir, “Querida Hayde… no quiero morir recordándote, quiero vivir amándote” murmuraba el viejo Dantes mientras un nudo en su garganta se formaba llegando hasta su pecho.

Eso era lo que le quedaba al “Gran Hombre”, los recuerdos tristes de su mujer, el espacio que cada vez se hacia mas grande y mas difícil de andar, y ese miedo a morir que luchaba con su necesidad de dejar de sentir. Ya había dejado de mirar al cielo, o cada vez lo hacia menos, por que ya sabia la respuesta a todas sus dudas y también sabia cual era el único camino por andar.

Y así, el viejo Dantes escuchando el viento de su habitación permanecía sentado mientras apenas un leve quejido salia de sus entrañas… era el ultimo suspiro de vida que se escapaba de su cuerpo. No se movió, solo espero el golpe final mientras seguía nombrando a su Hayde, la luz se había escapado por una de esas ventanas que nunca pudo cerrar, y se escuchaba una voz que le repetía las mismas palabras una y otra vez, siempre las mismas; “Cuando tenga la suerte de encontrarme a la muerte yo le voy a ofrecer todo lo vivido… En esta vida no tienes nada que perder, nada volverá, no hay por que llorar, siempre el tiempo nos dará la respuesta, aunque la tierra no nos deje ver”

Escrito por: Turko

    • lios y deslios
    • 16/03/13

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